05/07/14

Cosas mías



 

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23:19 Anotado por: Jackielagos en Jacqueline Lagos | Permalink | Tags: jacqueline lagos, escritora, osorno, chile

28/02/14

Memoria de una cita inconclusa. Leyendo y pensando Latinoamérica

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Soy Juan Baltra, me gustan muchas cosas, especialmente las relacionadas al arte. Hago sinfín de cosas en este aspecto, algunas con más dedicación y otras con más ganas. Pero qué hacer al fin, sin embargo, debo admitir que mi interés más sincero es por la poesía. La poesía es de esas cosas que uno no puede dejar de hacer salvo se halle uno en un estado de intemperancia emocional (lo que a ratos ocurre).

Bueno lo que, en parte nos reúne aquí, es la presentación del último libro de mi amiga Jacqueline Lagos quien tuvo la confianza en mí para hacer esta presentación y espero se ponga contenta con esta exposición.

Para presentar un libro normalmente basta con haber leído el texto y tal vez un par de cosas más del autor, sin embargo, ser afortunado en además conocer en la vida cotidiana a quien los escribió es un tema aparte. El hablar desde aquí se hace más fuerte y comprometido pues los hilos que fueron tejidos los poemas fueron sacados del ovillo de Jacqueline. Toda hebra entonces es una punta que ya sé donde termina.

Partamos entonces haciendo el ejercicio de reconocer el desde dónde se consolida este escrito y desde dónde conecta con el tema central de este encuentro “Leyendo y pensando Latinoamérica”.

Ahora, sigamos con la metáfora del ovillo de lana. Todos somos, en esencia, pequeños o grandes ovillos de lana:

Monocromos y multicolores; suaves y ásperos; finos y toscos; extensos y cortos; peinaditos o frontalmente enredados.

Sin embargo convengamos que hay algo común a todos los ovillos: La lana de la que estamos hechos no es sino nuestra propia capacidad de tomar elementos del entorno, lavarlos, hilarlos y guardarlos en nuestra vida. Así tenemos que algunos tomarán lana de oveja merino premium para sacar lana fina y suave, otros preferirán el picor amable de la alpaca, y otros definitivamente irán por la frescura vegetal del algodón. Aquí, es un tema de gusto así como de disponibilidad. Si cada uno analiza su ovillo encontrará que a lo largo de nuestra vida estamos llenos de distintos tipos de elementos tomados de nuestro entorno y que “quiérase o no” nos componen, nos hilan, nos muestran y nos individualizan: No existen dos ovillos de lana iguales, porque cada uno compone el propio con retazos de largos distintos dependiendo de lo que a cada uno le ha tocado vivir, habrá entonces momentos ásperos, suaves, finos, gruesos, finos, toscos, peinados o enredados.

(Acordemos en este momento que cuando hablo de lana, hablo de hilo, de sedas, de pita y de estambre, hablando en genérico: de un hilado)

Seríamos, entonces, innumerables lanas de distintos tipos alrededor del huso de nuestra alma. La lana la da la vida, y cada uno es el encargado individual de enrollarla a nuestro alrededor de la mejor manera posible.

Ahora bien, ¿por qué la analogía de la lana?, bueno los invito a ensoñar.

¿Qué es lo que usamos para tapar nuestras desnudeces?, bueno… lana, hilos y yéndonos a lo concreto: tejidos hechos de estas lanas.

La lana es un elemento que la vida nos entrega y nos hace hilar, pero que al mismo tiempo es el elemento que usamos para cubrirnos de la inclemencia de la vida cotidiana, de su clima variable, incluso de elementos que puedan herirnos o rasgarnos. Entonces cuando la vida te da lana gruesa, áspera y calurosa, no entenderás su uso mientras vivas en días soleados; pero cuando se te venga la ventisca, la lluvia y la helada, dirás qué suerte que la vida me dio de esa lana. Asimismo cuando la vida te da fina seda no es para usarla en temporales, sino en el tibio lecho donde no existe nada de lo que necesitemos defendernos.

 

Entonces de este ovillo que vamos hilando existe un poder, y me detengo aquí, que ES ABSOLUTAMENTE PERSONAL, la necesidad de tejer con lana propia tejidos para otros.

A ver, lo normal es que con nuestra propia lana nos hagamos nuestros trajes, nuestras máscaras, nuestros envoltorios para pasar por esta vida, pero a lo que voy, es que cuando uno se decide a tomar esta lana propia y tejer algo para otro: ESO ES UN REGALO, eso es una entrega, eso es una forma de definir ARTE, de lo mío construyo algo para que tú te cubras de este mundo de una manera hermosa.

En este caso, Jackie, ha tomado parte de su lana y nos ha tejido estos hermosos libros.

Son tramas distintas, unas apretadas y abrigadoras como “Mis Primeros Años”, otras son más complejas como “Una bruja emplumada en el Tzolkin”, y otras definitivamente sagradas como “Conjuros”. En “Memoria de una cita inconclusa” se hace un huso nuevo para estas lanas. Se destejen partes de cada uno de estos tejidos para hilar uno nuevo. La trama lograda así es nueva, se logra un nuevo tejido más colorido y multicolor, aparecen historias hasta entonces invisibles, esas historias hechas de retazos.

Y ¿Qué es nuestra cultura latinoamericana sino una gran manta tejida de millones de retazos?, así como pueblos existieron antes de la invasión española existen retazos de esta historia que es Latinoamérica.

Retazos de historia que exudan tristeza, exudan injusticia, exudan necesidad de ser. Pero por otro lado exudan una belleza interior y una alegría del estar que terminan “marmoleando” la oscuridad, no de una manera pareja, no una media luz, no una filigrana; sino un alboroto de líneas claras en fondo oscuro, como un poncho de lonko, como una pechera sioux, o una orejera Inca. Nada más alejado de la flemática y sosa capa gris inglesa.

Somos entonces parte de esta Latinoamérica que dibuja las flores en un fondo oscuro, los que le encuentran el significado a algo y luego lo hacemos evidente, lo regalamos, lo entregamos en la búsqueda última de volver a ser un pueblo con identidad. No ahondaré en si esta lucha se está ganando o perdiendo, cada uno tendrá su manera de ver el asunto, sin embargo si me quiero detener en la belleza de esto.

Por donde se quiera ver, la literatura latinoamericana ha sido pródiga en autores preocupados de tomar este gran tema regional: El rescate de una memoria inconclusa, y una manera de hacer esto es a través del “traer a lo escrito” hechos ocultos u olvidados. La nueva historiografía a partir de los escritos de Eduardo Galeano, plantean el tema desde la rememoración de tradiciones que se han perdido en el tiempo y de poner en evidencia (lo que nadie quiere ver) la extrema brutalidad y violencia de la invasión española. Sin embargo, este ejercicio de “traer a lo escrito” no sólo cae dentro del ámbito de la reivindicación de un pasado, sino también en el ser un escriba, un relator, un contador de historias que permiten mantener “dentro de lo dicho” temas que en caso contrario caerían “dentro de lo no dicho” lo que finalmente termina indefectiblemente en el olvido.

Este es el rol de la escritora en este libro: Ser una constatadora, una persona capaz de “traer a lo escrito” una experiencia desde el ser mujer, desde el ser mujer en Latinoamérica, desde el ser mujer en Latinoamérica y en Chile que es un país machista, desde el ser mujer en Latinoamérica y en Chile que es un país machista y donde las tradiciones son borradas día a día por la nueva invasión cultural norteamericana de buenos y malos, plasticidad y desecho. Y desde allí ¿qué hacer?, bueno, desde allí tomar lana del ovillo personal y tejer historias de lo que la vida regala para que otros los tomen, se las prueben y si les quedan se vistan con ellas para terminar reconfortados y llenos de la necesidad de hacer, ¿del hacer qué?, del “traer a lo escrito”. Nada más triste que pasar la vida y que el único legado visible sea una planilla Excel llena de números, un detalle de los pagos previsionales y una cuenta en el banco. A eso nos ha llevado esta nueva forma de ver las cosas, por eso creo necesario el estar aquí y compartir con ustedes mis impresiones, ideas, presentar el libro, leer poesía, detener el tiempo un rato para salir a este refugio social a tomar aires, a tomar ideas. Afuera se está librando una batalla y nosotros sólo nos hemos detenido un momento a mirarnos las caras y a ver quienes estamos en esto, cuántos somos, qué estamos pensando.

¿Qué piensa Jacqueline?, bueno me atrevería a decir que ser una bruja es una necesidad y un derecho humano femenino; que si no la dejan ser bruja mejor no la dejen ser nada, ¿para qué?, a ver, hace 500 años ya vinieron los españolitos falo en mano borrando todo vestigio de una cosmovisión equilibrada entre lo masculino y femenino, hoy el deber ser femenino es volver a confiar en la capacidad de leer los ciclos, así como hacer aparecer la íntima relación que tiene la humanidad con la tierra, la madre tierra o ñuke mapu. Y en esto caemos en ¿qué cosa es una bruja?, para mí básicamente es una mujer, una mujer empoderada, conectada completamente con su lado femenino, con su conexión ancestral, que trata de igual a igual al que se ponga delante y que confía en su instinto, aunque no siempre lo siga (porque un buen instinto nunca es a corto, sino a largo plazo).

Bueno y si buscamos las palabras correctas: Sororidad es la palabra, las brujas-mujeres no son solas, son en grupo, en aquelarre-hermandad, potenciándose, sabiendo ser contenedoras en una parte del ciclo y dadoras en el otro; encontrándose bellas en cada etapa de la vida; sabiendo que siempre hay un rol que tomar ante esta búsqueda de un nuevo equilibrio.

Creo que por mi parte he terminado, sólo convidarlos a leer este bello libro, registro del nacimiento, auge y autoreconocimiento de esta bella bruja-mujer-poeta que nos ha dejado este tejido multicolor lleno de historias y secretos.

Bellas son las mujeres, pero más bellas son las mujeres que se saben brujas y que se unen y se tejen y son manta para la humanidad, por ello digo: bellas mujeres del mundo ¡UNÍOS!

 

Juan Baltra, en OSORNO, Febrero 2014

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20:22 Anotado por: Jackielagos en Books, Jacqueline Lagos | Permalink

06/10/12

Perspectivas de una Cita inconclusa

Memoria de una cita inconclusa posee la capacidad de transformarse en una vertiente de recuerdos para cada hombre que quiera evocar el sur, para cada mujer que quiera identificarse con el complicado devenir de la vida, para cada lector que quiera empaparse de la magia de una letra sugerente, de una letra organizada con el alma de los espíritus que configuran el sur de Chile.                                                 jacqueline lagos,escritora,osorno,chile

Memoria de una cita inconclusa debe ser editado por su innegable calidad literaria, estructural y semánticamente hablando, es una fuente de acercamiento a la enmarañada identidad femenina, a la complejidad de las relaciones de pareja, además de ser una detallada caracterización de las familias de aparente machismo, que en el seno de cada hogar se entregan al reinado matriarcal.

Analizada desde una perspectiva hermenéutica se observa, a lo largo de la trilogía considerada dentro de esta memoria, una visión del territorio que se desprende de la lectura de estas páginas, se observan descripciones físicas y emocionales que configuran los rasgos definitorios del sur de Chile, que influyen en la organización, formación y crecimiento de las identidades de cada habitante de esta región. De acuerdo a lo anterior, se recomienda la lectura de esta trilogía no sólo para aquellos que pretendan acercarse a la identidad territorial de los habitantes- principalmente femenina- del sur de Chile, sino también para aquellos que quieran reconocerse en estas páginas, en estas atractivas descripciones que nos trasladan por medio de la lectura a los múltiples espacios que configuran nuestro sur.

Estructuralmente hablando nos encontramos ante una gran exposición de formas literarias que se mezclan para darle perfecta estructura a cada pieza de esta obra. Desde la fluida prosa de Mis primeros años podemos observar que la forma de narrar, la forma de dividir cada etapa de la vida de la protagonista a través de imágenes, configuran no sólo la historia, sino que el proceso de lectura, se le otorga tal naturalidad a la redacción y exposición de acontecimientos que es imposible no dejar de leer hasta conocer el desenlace y las reflexiones finales. Una bruja emplumada en el tzolkin, con su relato in extrema res, nos conduce a través de la narración a buscar quién es el personaje inicial, a buscar la razón por la que la vemos situada en una internación hospitalaria y en un estado anímico de tales características; la superposición de tiempos y espacios, la utilización del montaje para dar cuenta de la interacción del personaje con su “Príncipe”, configuran la narración de tal forma que le dan continuidad y orden lógico al relato, invitándonos a reorganizar sus piezas y las historias de cada personaje. Por último, Conjuros se organiza a partir de diversas voces narrativas que nos entregan una perspectiva diferente para conocer el aura femenina que no sólo ha experimentado la dicha de ser mujer, sino también las trabas que esto acarrea.

Dentro de una visión de género, de la construcción de la identidad femenina, presente en esta Memoria, podemos observar su relevancia en el tema de la resignificación de la categoría de mujer que se ha puesto en énfasis en los estudios de género de los últimos años.  Tal como menciona Sonia Montecino en uno de sus estudios sobre género, la identidad femenina estará configurada no tan sólo como una “subordinada” al patriarcado, sino que la relación entre hombre y mujer “podrá ser de igualdad, complementariedad o desigualdad, según sean las jerarquías sociales, la participación económica y las simbolizaciones emergidas de cada grupo[1]”. La perspectiva que se nos presenta está imbricada dentro de los límites territoriales del sur del país, dentro de estas instituciones familiares de tradiciones machistas que limitan la vida y el desarrollo de la mujer como individuo libre y responsable de sus propias decisiones. Es posible, entonces, configurar una identidad femenina a lo largo del texto como resultado de las características instituciones tradicionales del territorio sureño, que en este caso sí subordinan a la mujer al sometimiento de las reglas patriarcales fuera del hogar, pues dentro de él existe un matriarcado de orden interno (dentro de los límites de la casa familiar). De esta manera, adquiere relevancia la lectura crítica de las páginas de esta trilogía pues el concepto de lo femenino, como identidad, está siendo revalorizado culturalmente en nuevos contextos de análisis.

Ahora, en palabras de la célebre Simone de Beauvoir, las mujeres somos una clase diferenciada, sometida porque

“No siempre ha habido proletarios, pero siempre ha habido mujeres; éstas lo son por su estructura fisiológica; por lejano que sea el tiempo al cual nos remontamos, han estado siempre subordinadas al hombre: su dependencia no es consecuencia de un acontecimiento, o de un devenir, no es algo que ha llegado […] Una situación que se ha creado a través del tiempo puede deshacerse en un tiempo posterior.”[2]

Es así, como esta Memoria de una cita inconclusa es una poderosa herramienta de denuncia, de apertura y acercamiento a la realidad femenina que se transforma en arma de cambio, de metamorfosis a una nueva perspectiva de género.

 

Por: Virginia Moya M. Prof. De Lenguaje y Comunicación



[1] Montecino, S. De la mujer al género: implicancias académicas y teóricas. Extraído de http://www.archivochile.cl/Mov_sociales/mov_mujeres/doc_g...

[2] Beauvoir, S. El segundo sexo. Los hechos y los mitos. Editorial Siglo Veinte, Buenos Aires 1972.                                                                                                                                                         

 

19:58 Anotado por: Jackielagos en Jacqueline Lagos | Permalink